Como el perro y el gato.

 

Nunca se sabe a ciencia cierta qué parte de lo que se comenta en clase va a quedar fijada en vuestra memoria, aunque suele suceder que algunas anécdotas relacionadas con la vida privada de los autores permanezca (algo es algo…). Así, cuando en 1º de Bachillerato se vuelven a estudiar las obras de Góngora y Quevedo surge un comentario muy típico: “¡ah!, estos eran los que estaban peleados y uno se metía con la nariz del otro!” (entonces, piensa el profesor: ¡menos da una piedra!).  El enfrentamiento personal entre Góngora y Quevedo se reflejó en su propia literatura y motivó la escritura de poemas satíricos y burlescos por ambos lados. Mirad lo que le dice Quevedo a Góngora en este soneto:

 

 Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla, 
perro de los ingenios de Castilla, 
docto en pullas, cual mozo de camino.

Apenas hombre, sacerdote indino, 
que aprendiste sin christus la cartilla; 
chocarrero de Córdoba y Sevilla, 
y en la Corte, bufón a lo divino. 

¿Por qué censuras tú la lengua griega 
siendo sólo rabí de la judía, 
cosa que tu nariz aun no lo niega? 

No escribas versos más, por vida mía;

aunque aquesto de escribas te pega,

por tener de sayón la rebeldía.

 

 Quevedo ataca a Góngora y pone de relieve su origen judío: le untará sus obras con tocino para que no las lea y no las pueda criticar (morder). La religión judía prohibe comer carne de cerdo, y ser judío en la España de la época era un desprestigio, suponía pertenecer a una minoría, no tener el honor de poseer limpieza de sangre, no ser cristiano viejo (el cristiano nuevo era el que se había convertido al cristianismo más o menos recientemente y cuya familia no había sido cristiana desde siempre, muchas de estas conversiones eran forzadas). Se exigía la condición de cristiano viejo para ingresar en ciertas órdenes militares y religiosas, tener cargos del gobierno, pertenecer a ciertos gremios, etc. En el último terceto, la mención de los escribas (copistas antiguos o interpretes de la ley hebrea, que le sirve para hacer sus típicos juegos de palabras) y a su nariz va por el mismo camino, pues existe la creencia popular de que los judíos tienen narices grandes y afiladas. Quevedo le dedicará otro soneto a la nariz de Góngora: Érase un hombre a una nariz pegado…, lo podéis leer aquí: http://www.poesia-inter.net/fq48097.htm

Juzga tú, después de ver el retrato que Velázquez hizo de Góngora:

 

 

Quevedo quiere desprestigiar su poesía, su condición de religioso y su labor en palacio (y en la Corte, bufón a lo divino), dado que Góngora fue capellán de Felipe III. Va a acusarlo de jugador (chocarrero es la persona que hace chistes groseros, pero también la que hace trampas en el juego, además hay que tener presente que en los locales donde se jugaba también existían otros vicios), y en varios poemas llegará a decir de él que es homosexual.

No creáis que Góngora permanecía cruzado de brazos, también él tiene poemas en los que arremete contra Quevedo:

http://www.filosofia.tk/versoados/articulos/articulo_quevedogongora.htm

Por último, una curiosidad lingüística, Quevedo utilizaba unas gafas circulares que tenían una armadura hecha a propósito para que se sujetaran a la nariz sin necesidad de patillas. El hecho de que este personaje las llevara hizo que, desde entonces, se le llamara así a este tipo de gafas, y así aparece en el diccionario si buscáis el término quevedos.

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