¡Toca madera!

13 junio, 2008

Vanitas significa vanidad en latín y designa un tema que los pintores barrocos cultivan dentro del género pictórico del bodegón. Estas obras tienen un gran valor simbólico y abundan en la época barroca, sobre todo en países como Holanda.

En uno de los libros de la Biblia, el Eclesiastés, se puede leer: vanitas vanitatum omnia vanitas (vanidad de vanidades, todo es vanidad). Con este mensaje se pretende transmitir la inutilidad de los placeres mundanos frente a la certeza de la muerte.

Los objetos que se representan en estas obras son símbolos de la brevedad y fragilidad de la vida: un cráneo humano (muerte); fruta pasada (decadencia y envejecimiento); burbujas, humo y relojes de arena  (brevedad de la vida); y otros.

Están presentes tópicos como: memento mori (acuérdate de que vas a morir) y cotidie morimur (se muere cada día).

Una de las Vanitas más conocidas es El sueño del caballero de Pereda.

 

 

Observa los objetos que aparecen sobre la mesa. Hay símbolos de riqueza y poder: dinero, joyas, una corona papal, etc. También podemos ver otros muy frecuentes en la pintura barroca: una máscara, dinero, flores, una armadura, una baraja de cartas, un libro, etc. El ángel, mensajero en la cultura cristiana, sostiene una cartela que avisa de la fragilidad de la vida humana.

 

 


Pistas

26 mayo, 2008

 

Sin duda alguna, una de las materias que nos pueden ayudar a entender y estudiar mejor la historia de la literatura es la historia del arte. Compruébalo, de un vistazo podrás distinguir cuál es la obra renacentista y cuál la barroca.

Efectivamente, aunque los dos tratan el tema del descendimiento de Cristo, la primera obra fue pintada por Rubens (1577-1640) en la etapa barroca. La segunda obra es una composición mucho más equilibrada y su autor es Van Der Weyden, quien la pintó hacia 1436. 


“Gloria me ha dado hacerme oscuro”

26 mayo, 2008

 

Esta fue una de las frases pronunciadas por Góngora para defender su estilo frente a todos aquellos que lo criticaban. Tradicionalmente, y en líneas generales, lo trágico ha tenido más prestigio que lo cómico, y lo difícil goza de mayor prestigio que lo fácil. Aún no hemos estudiado la prosa barroca, pero quédate con este nombre: Baltasar Gracián. Este autor elogiaba la dificultad, y afirmaba:   

“Siempre fue lo dificultoso estimado”

“La verdad, cuanto más dificultosa, es más agradable, y el conocimiento que cuesta es más estimado

Sin embargo, hoy os propongo reflexionar sobre un texto que habla sobre la sencillez. Su autor es el conocido escritor uruguayo Mario Benedetti, y aparece en una obra que casi acaba de publicarse: Vivir adrede 

“La sencillez es una de las virtudes más complicadas de este viejo mundo. Cuando uno es sencillo (en su habla, en sus actos, incluso en su poesía) corre el incómodo riesgo de ser tomado por tonto, por babieca. Hay críticos, por ejemplo, que son propensos a elogiar solamente a aquellos poetas misteriosos, cuyas obras son comprendidas por muy pocos. Esos mismos críticos tampoco los entienden, claro, pero tienen cierta habilidad para cabalgar por fuera del misterio, haciendo de su ignorancia una forma inédita de discreción”.

                                                 Mario Benedetti

 

Algunos críticos actuales siguen esta tendencia a la hora de juzgar obras de reciente publicación, y bastantes estudios sobre arte y literatura resultan soporíferos. Muchas de las grandes obras literarias, que se han escrito a lo largo de la historia, son accesibles a cualquier persona y eso no las hace inferiores.


Góngora recuperado

26 mayo, 2008

Los escritores y sus obras no siempre han gozado del mismo reconocimiento, sino que ha dependido de los gustos e ideología de la época el que se los haya tenido en mayor o menor consideración. El estilo enrevesado y recargado de Góngora provocará, en el siglo XVIII, el rechazo de los ilustrados. Autores como Ignacio de Luzán criticaron el Barroco y propusieron que las obras debían tener un estilo claro y una finalidad didáctica. La Fábula de Polifemo y Galatea (1612) o las Soledades (1613) son obras particularmente complejas. Mira cómo describe Góngora a unas gallinas:

                                                                                             

   Crestadas aves

   cuyo lascivo esposo vigilante    (el gallo)   

   doméstico es del sol

   nuncio canoro            (canta al amanecer)

   y – de coral barbado- no de oro,

   ciñe, sino púrpura turbante   (cresta roja)     

  

La obra de Góngora recuperó su prestigio a finales del siglo XIX. Posteriormente, estudiosos como Dámaso Alonso y sus compañeros de generación poética, Rafael Alberti entre ellos, reivindicaron su importancia. En el año 1927 organizaron un homenaje a Góngora en el tricentenario de su muerte, y este mismo año sería el que les daría nombre: Generación del 27.   

 

 

Esta imágen es parte de una famosísima foto de la Generación del 27. Se hizo con motivo de tal homenaje en el Ateneo de Sevilla, ¿podrías identificar entre estos cuatro personajes a Rafael Alberti?, ¿y a Lorca?.                    


Como el perro y el gato.

20 mayo, 2008

 

Nunca se sabe a ciencia cierta qué parte de lo que se comenta en clase va a quedar fijada en vuestra memoria, aunque suele suceder que algunas anécdotas relacionadas con la vida privada de los autores permanezca (algo es algo…). Así, cuando en 1º de Bachillerato se vuelven a estudiar las obras de Góngora y Quevedo surge un comentario muy típico: “¡ah!, estos eran los que estaban peleados y uno se metía con la nariz del otro!” (entonces, piensa el profesor: ¡menos da una piedra!).  El enfrentamiento personal entre Góngora y Quevedo se reflejó en su propia literatura y motivó la escritura de poemas satíricos y burlescos por ambos lados. Mirad lo que le dice Quevedo a Góngora en este soneto:

 

 Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla, 
perro de los ingenios de Castilla, 
docto en pullas, cual mozo de camino.

Apenas hombre, sacerdote indino, 
que aprendiste sin christus la cartilla; 
chocarrero de Córdoba y Sevilla, 
y en la Corte, bufón a lo divino. 

¿Por qué censuras tú la lengua griega 
siendo sólo rabí de la judía, 
cosa que tu nariz aun no lo niega? 

No escribas versos más, por vida mía;

aunque aquesto de escribas te pega,

por tener de sayón la rebeldía.

 

 Quevedo ataca a Góngora y pone de relieve su origen judío: le untará sus obras con tocino para que no las lea y no las pueda criticar (morder). La religión judía prohibe comer carne de cerdo, y ser judío en la España de la época era un desprestigio, suponía pertenecer a una minoría, no tener el honor de poseer limpieza de sangre, no ser cristiano viejo (el cristiano nuevo era el que se había convertido al cristianismo más o menos recientemente y cuya familia no había sido cristiana desde siempre, muchas de estas conversiones eran forzadas). Se exigía la condición de cristiano viejo para ingresar en ciertas órdenes militares y religiosas, tener cargos del gobierno, pertenecer a ciertos gremios, etc. En el último terceto, la mención de los escribas (copistas antiguos o interpretes de la ley hebrea, que le sirve para hacer sus típicos juegos de palabras) y a su nariz va por el mismo camino, pues existe la creencia popular de que los judíos tienen narices grandes y afiladas. Quevedo le dedicará otro soneto a la nariz de Góngora: Érase un hombre a una nariz pegado…, lo podéis leer aquí: http://www.poesia-inter.net/fq48097.htm

Juzga tú, después de ver el retrato que Velázquez hizo de Góngora:

 

 

Quevedo quiere desprestigiar su poesía, su condición de religioso y su labor en palacio (y en la Corte, bufón a lo divino), dado que Góngora fue capellán de Felipe III. Va a acusarlo de jugador (chocarrero es la persona que hace chistes groseros, pero también la que hace trampas en el juego, además hay que tener presente que en los locales donde se jugaba también existían otros vicios), y en varios poemas llegará a decir de él que es homosexual.

No creáis que Góngora permanecía cruzado de brazos, también él tiene poemas en los que arremete contra Quevedo:

http://www.filosofia.tk/versoados/articulos/articulo_quevedogongora.htm

Por último, una curiosidad lingüística, Quevedo utilizaba unas gafas circulares que tenían una armadura hecha a propósito para que se sujetaran a la nariz sin necesidad de patillas. El hecho de que este personaje las llevara hizo que, desde entonces, se le llamara así a este tipo de gafas, y así aparece en el diccionario si buscáis el término quevedos.


En los corrales no solo hay gallinas…

8 mayo, 2008

 

Es en la época barroca cuando surgen los primeros locales fijos para las representaciones teatrales: los corrales de comedias. En el Siglo de Oro se entendía por comedia toda manifestación teatral (dramas, entremeses, etc.) a excepción de los autos sacramentales. En este vídeo, que dura dos minutos, podrás ver cómo eran estos corrales y saber algunas cosas más sobre las representaciones:

 

 

El corral de comedias más famoso de España es el de Almagro (Ciudad Real). En el siglo XVIII, los ilustrados prohibieron los corrales de comedias y el de Almagro se convirtió en una posada, hasta que en 1952 se restauró y volvió a utilizarse como espacio teatral. Todavía hoy se pueden ver representaciones allí, en verano hay un famoso festival internacional de teatro.

Por cierto, en las ciudades universitarias hubo un tiempo en el que las representaciones estuvieron prohibidas entre semana para evitar que los estudiantes se distrajeran y no estudiaran      

                                                                                

 


¿Sabías que…?

27 abril, 2008

El origen del término Barroco es controvertido: algunos tratadistas opinan que deriva de la voz latina verruca, verruga; otros consideran que su origen es el término griego baros, peso, en alusión a lo recargado del estilo; y otros, defienden la interpretación que parece más verosímil: se refieren al antiguo vocablo portugués barroco, con el que se designaban las perlas de forma irregular y gran tamaño muy empleadas en orfebrería. Los críticos neoclásicos utilizaron el término como sinónimo de extravagante, exagerado, confuso en comparación con lo clásico. A finales del siglo XIX, se aceptó la denominación de Barroco para definir el gran período artístico que sucedió al Renacimiento y que había tenido, hasta ese momento, un significado despectivo.