Salamanca y el Lazarillo de Tormes

29 marzo, 2008

El Lazarillo de Tormes comienza en Salamanca, donde había nacido Lázaro. En el Tratado primero podemos leer:

Pues sepa Vuestra Merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre; y fue de esta manera: mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y, estando mi madre una noche en la aceña, preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí. De manera que con verdad me puedo decir nacido en el río.

A Lázaro le viene su sobrenombre del río Tormes, que atraviesa Ávila y Salamanca y desemboca en el Duero. Los padres de Lázaro son de una aldea que está junto a este río y que se llama Tejares. Este lugar tiene una historia peculiar: fue un municipio independiente hasta que en 1968 se integró como barrio en la ciudad de Salamanca. En la época en la que se escribió la novela era un lugar relativamente importante (en 1534 tenía unos 450 habitantes). Salamanca se halla muy vinculada a esta famosa novela picaresca, junto al Puente Romano hay una estatua que le rinde homenaje, ¿la habéis visto los que habéis estado por esas tierras de excursión?.

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Unos de los pasajes más famosos del la obra ya lo hemos leído en clase: es el del ciego y el toro, y aparece también en el Tratado primero.

Salimos de Salamanca, y, llegando a la puente, está a la entrada de ella un animal de piedra, que casi tiene forma de toro, y el ciego mandóme que llegase cerca del animal, y, allí puesto, me dijo:
-Lázaro, llega el oído a este toro y oirás gran ruido dentro de él.
Yo simplemente llegué, creyendo ser así. Y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y díjome:
-Necio, aprende, que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo.
Y rió mucho la burla.
Parecióme que en aquel instante desperté de la simpleza en que, como niño, dormido estaba. Dije entre mí: «Verdad dice éste, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer».

A la entrada del Puente Romano de Salamanca,  se encuentra la estatua más antigua de la ciudad. Su origen está en los Vettones, pueblo cuya economía era esencialmente ganadera. Representa un animal incierto y, aunque popularmente se conoce como verraco (cerdo reproductor), podría tratarse de un toro. La escultura estuvo en diversos museos hasta que se volvió a colocar sobre el puente el 23 de octubre de 1954 para celebrar el IV centenario de la publicación del Lazarillo de Tormes. Desde entonces, su ubicación ha variado desde el interior del puente hasta la actual entrada, sitio que ocupa desde 1993.

 

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Arte y Literatura: Goya y el Lazarillo.

28 marzo, 2008

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   Lazarillo de Tormes (80×65 cms, óleo sobre lienzo, 1808-12)
                                 Francisco de Goya y Lucientes

 

La ausencia de encargos durante la Guerra de la Independencia disparó la imaginación de Goya, el pintor creó obras de diferente temática como los Bodegones o este Lazarillo. En él narra uno de los pasajes más atractivos de la anónima novela picaresca: el ciego al que atendía Lázaro dio al muchacho una longaniza para que la asara, pero el hambre provocó que el crío sustituyera la longaniza por un nabo y se la comiera, el ciego presintió el engaño, metió la nariz en la boca de Lázaro y esto hizo que la vomitara.

Goya nos presenta al ciego sentado, está introduciendo los dedos en la boca del muchacho al que sujeta entre sus piernas para que no se escape. Las tonalidades oscuras se adueñan de la composición, con cuadros como éste el pintor supera su etapa colorista para adentrarse en las Pinturas Negras, en las que se puede comprobar su desánimo.

 

Como ya hemos hablado en clase, a veces, el arte se nutre de la literatura en su búsqueda de motivos y temas. Goya encuentra en el Lazarillo su tema de inspiración. Lo mismo le ocurrirá, ya en el siglo XX, a Picasso con La Celestina. ¿Conoces otros casos similares?

 

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                                          La Celestina, (1903)